jueves, 8 de noviembre de 2012

Azotín ama a su prójimo como a él mismo.


Cada día soy más católico. Es levantarme de cama y sentir que mi catolicismo me embarga, me subyuga, me invade, me posee... Me siento jodidamente católico, católico como una perra, más católico que un obispo con gayumbos de Bob Esponja...

Y cuando las autoridades eclesiásticas emiten comunicados en los que tratan temas de suma gravedad, y nos iluminan como sólo ellos saben sobre cuál debe ser la posición de un buen ser humano ante los problemas del mundo, siento en mi interior un fuego que me acerca a la santidad y a la comunión del universo con el Todo Infinito...

... luego eructo y se me pasa.

Jamás podré comprender cómo la felicidad de unos individuos y su identidad personal en cualquier ámbito de la vida puede molestar tanto a ciertas personas. Gracias a Dios que hay miembros de la iglesia católica que se pasan por el forro de la sotana este tipo de cosas y pierden su tiempo en ayudar a los necesitados... sin guantes ni nada, ¿eh?

Desde aquí quiero hacer un homenaje a esos sacerdotes que se dejan algo más que la salud en su trabajo diario, yendo donde nadie quiere ir y haciendo lo que nadie quiere hacer para mejorar la vida de quién lo necesita.

Sres. obispos: desconozco por completo cuáles tienen que ser los requisitos para acceder a sus cargos. Pero de una cosa estoy seguro... ser un cabronazo debe puntuar un huevo.

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